domingo, 29 de marzo de 2020
Nostalgías
La euforia de los chicos, la risa de las familias sentadas en una vieja reposera, el grito a una madre o alguna doña, el vecino que saluda a todos, el almacén de años, los carnavales, el vendedor ambulante aplaudiendo, el heladero con su música o el chatarrero con su canto que aún no consigo descifrar. La magia del barrio. El barrio se despierta temprano, a las seis de la mañana la parada del colectivo ya está llena. Por la tarde, silencio de siesta. Y por la noche, los festejos y la cena con la mesa afuera. El barrio tiene su magia pero muy pocos la conocen. El barrio contagia y hermanda, porque lo que hoy le pasa a Juan nos pasa a todos. El barrio es esa chispa de alegría en la vida, donde todos nos miramos a la cara y nos llamamos por el nombre. Y el que diga lo contrario, qué poco sabe del barrio...
Soy antídoto y veneno.
Lo malo de estar solo es que a veces avanzas 10 pasos y al siguiente día, ya caíste 30 para atrás, y no hay nadie que te amortigüe la caída o te sople el raspón. Cuando estas solo, sos vos, llorando frente a un espejo, encerrado en un baño, mordiéndote los labios y tragando saliva. Cuando estas solo, vos sos tu mejor amigo y tu peor enemigo, podes ser la víctima y victimario de tus actos, tus palabras, tus pensamientos... Cuando estas solo, la voz que te susurra adentro duele y no hay consuelo que calme la herida, todo te recuerda aún más a tu soledad. Cuando estas solo te abrazas fuerte y te acurrucas en tus propios brazos en busca del efecto analgésico del amor propio.
A veces simplemente no estamos solos y sin embargo elegimos estarlo.
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